Una tarea primordial del liderazgo es dirigir la atención. Los líderes nos indican dónde debemos concentrar nuestras energías. Pero los líderes también necesitan gestionar su propia atención.

Para dirigir bien la atención se requiere un conocimiento afinado de dónde, cuándo, por qué y hacia qué tenemos que orientar nuestra conciencia. Los líderes que hacen esto eficazmente pueden prosperar; quienes no lo hacen tropezarán. La razón es sencilla. “Tu foco”, nos recuerda Yoda, “es tu realidad”.

Cuando pensamos en el foco, tendemos a pensar sólo en la concentración, pero existen muchos tipos de atención. Un ligero cambio en nuestra lente sobre la Inteligencia Emocional destaca cómo el foco importa para el liderazgo. Las competencias de Inteligencia Emocional que distinguen a los mejores líderes están entretejidas con elementos de atención, incluso al nivel más básico del cableado neural.

Todo líder necesita una tríada de conciencia —interna (uno mismo), externa hacia los demás (personas) y externa hacia los sistemas— en abundancia, en el equilibrio adecuado y con la flexibilidad para ejercitar la correcta en el momento oportuno. Demasiado poco de cualquiera de ellas puede hacer que un líder sea vulnerable a quedarse sin rumbo, desorientado o a ser tomado por sorpresa —o, peor aún, a las tres cosas a la vez.

Adaptado de un fragmento del libro de Daniel Goleman: ¿Qué hace a un líder? Por qué la inteligencia emocional importa.